En Evangelii nuntiandi,
Pablo VI dice que «la Iglesia existe para evangelizar» (EN 14).
Juan Pablo II, en la conferencia del CELAM en 1983 habla de una evangelización «nueva en su ardor, nueva en su expresión y nueva en sus métodos». A partir de ahí, hablamos habitualmente de “nueva evangelización”, centrada no en la misión ad gentes, sino en la re-evangelización de los países de antigua cristiandad.
Benedicto XVI creó el Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización para ayudar a que cristalizaran las intuiciones de sus predecesores. En Evangelii gaudium,
Francisco da un paso más y comienza a hablar de “primer anuncio”, llamando a situarlo en el centro, en el corazón, de toda la acción pastoral. El primer anuncio es una acción muy concreta que viene a renovar toda nuestra actividad pastoral y que da frutos de nueva evangelización. No son exactamente lo mismo.
No se trata de una respuesta a una motivación de carácter sociológico. No se trata de que antes hacíamos cosas para los de dentro y ahora que no hay gente en nuestras iglesias tenemos que ir a buscarlos fuera. Tiene una motivación teológica: «Id al mundo entero y anunciad el evangelio» (Mc 16,15).
Situar el primer anuncio en el centro de nuestra acción pastoral implica que nuestras estructuras estén al servicio de ello. Supone acabar con una inercia de siglos y una conversión pastoral en esta clave. Tenemos que vivir un proceso con nuestra pastoral similar al de la conversión personal: arrepentimiento y renovación. Si no existe ese arrepentimiento inicial (darse cuenta de que algo no funciona y es necesario cambiar) no puede haber conversión.